La vivienda original, muy antigua y completamente compartimentada, planteaba un reto claro: reorganizar el espacio para adaptarlo a una forma de vivir actual sin perder su esencia. El proyecto consistió en unificar la planta baja y la planta primera, transformando el conjunto en un dúplex funcional y equilibrado.
La planta baja se concibe como la zona pública de la vivienda, totalmente diáfana y abierta hacia el patio trasero. Salón, comedor y cocina se integran en un único espacio continuo, generando una relación directa entre interior y exterior que aporta luz, amplitud y una manera de habitar mucho más fluida. En esta planta se incorpora también un despacho que puede funcionar como dormitorio adicional, aportando flexibilidad al día a día, especialmente pensada para una familia que teletrabaja de forma habitual.
La planta superior se destina íntegramente a la zona privada. Aquí se distribuyen los cuatro dormitorios y dos baños, resueltos mediante un ejercicio de precisión espacial en apenas 80 m², donde cada metro cuenta y nada es casual. Un auténtico “Tetris” arquitectónico para responder a las necesidades de una familia con tres hijos en edad escolar.


